Un profesor entre cuyas atribuciones está la de coordinar las nuevas tecnologías de un instituto, me envía una reflexión sobre su trabajo cotidiano que nos aclara el estado de las cosas en la enseñanza, el grado de hastío que hay entre muchos profesores y la pobreza ética de la sociedad española. Transcribo exactamente quitando alusiones personales:
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ASUNTO: ¿Hasta cuándo?
FECHA: 19 de octubre de 2011
Hola compañeros, utilizo este medio porque parece que es donde mejor os puedo transmitir mis mensajes.
Estoy ahora mismo en el aula 205, terminando de repararla. Son la 14 y 23 horas del miércoles 19 de octubre, día que dedico para repasar el estado de algunas aulas.
Es muy desmoralizador ver al llegar que la puerta de esta aula se la han dejado abierta de par en par. Cuando entras ves la clase hecha un desastre, las sillas por medio de la clase, amontonadas todas en un pasillo entre mesa y mesa, los respaldos doblados.
Ahora llega el momento de ver el estado de los equipos informáticos y lo primero que tengo que hacer es despejar de sillas las mesas y colocarlas bien para poder acceder a ellos.
Me encuentro que varias filas de ordenadores no encienden, me agacho y compruebo que los cables negros los ha desconectado de las mesas. Ahora empiezo a enchufarlos. Cuando por fin parece que todas las mesas tienen corriente, compruebo que algunos equipos no encienden, empiezo a sacar las torres y despejo de basura los huecos (chicles, bolsas de patatas, papeles de caramelos, etc.).
De nuevo compruebo que los cables de alimentación los han quitado a las torres, los de los ratones o teclados los han anudado o han hecho trenzas con ellos; hasta que consigo desenredar uno por uno los cables y por fin los conecto, el ordenador por fin enciende y arranca.
Llega el momento de comprobar si hay acceso a la Red; a unos les han quitado la antena, a otros se las han partido. No pasa nada; se las pongo nuevas, que para eso tenemos un superpresupuesto.
Por fin, después de una hora o más, limpiando el suelo con mis pantalones, los bajos de los ordenadores con mis manos, tocando los chicles asquerosos bajo las mesas y otras virutillas de la nariz, consigo que todos los equipos funcionen.
Pero llegará la próxima semana y me encontraré el mismo trabajo, con los mismos problemas. Cuando veo esto un día tras otro, me siento un imbécil, me siento que quiero arrastrar un barco sobre tierra y me entran ganas de tirar la toalla y que cada uno se las apañe como pueda con las TIC.
Por favor compañeros, vigilad los equipos al entrar y salir.
Que los alumnos dejen el aula ordenada.
Apuntad en vuestro cuaderno el puesto donde se sientan y que siempre sea el mismo.
Anotad en el parte del aula si detectáis alguna incidencia.
No dejad que los alumnos manipulen por su cuenta los equipos.
Dejad la clase ordenada, limpia y cerrada.
Ya que pedírselo a los alumnos es escribir sobre papel mojado, seamos nosotros un poco pesados y consigamos hacer respetar las instalaciones y el trabajo de los demás.
Manuel, Magdalena, Luis, Rosa María...
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